Biocarnaval (II)… con perdón…
Con esto pretendo participar en la II edición del Carnaval de Biología, organizado por La muerte de un Ácaro
Cuando un profano como yo intenta hablar de la evolución, lo primero que tiene que poner sobre la mesa es la ignorancia desde la que habla, dando pie esta a la sucesión de errores que, probablemente, cometa en mi relato. Pese a esto, y gracias a que internet permite expresar las ideas y conocimientos de cada persona, hable bien o mal, voy a intentar hablar de ello.
La evolución, tal como me la explicaron en la escuela, es consecuencia de múltiples cambios que son observables a simple vista (cambios morfológicos) y/o cambios no observables (cambios más estructurales, que se podrían observar en un laboratorio), y estos, pese a la creencia popular, no tienen un objetivo concreto, son sólo cambios, que pueden aportar ventajas o desventajas a la especie que sufre dicha mutación.
Darwin, en sus estudios, no trata la evolución en sí, sino la selección natural, por la cual un organismo que sufre cambios se adaptará mejor o peor al medio en el que vive, sobreviviendo, en mayor o menor medida, mejorando la especie para un tiempo y unas condiciones específicas. Por ejemplo, durante una glaciación un organismo que consigue aislarse mejor de las bajas temperaturas tendrá más opciones de supervivencia que uno que no soporta estas, haciendo más probable su supervivencia en unas condiciones que, con el tiempo, cambiaran nuevamente, y sus descendientes pueden volver a mutar o sobrevivir con el cambio ya sufrido y, por supuesto, preservado a lo largo de las distintas generaciones.
Estos cambios adaptativos no se producen voluntariamente, sino que dependen del azar, por lo que estos cambios pueden o no pueden pasar. En caso de pasar, se mantendrán en las generaciones posteriores si este cambio no acaba con el individuo mutado original.
Dados los tiempos que manejan los cambios en la tierra (los cambios se producen a lo largo de muchos, muchos años) los macro organismos pueden adaptarse a lo largo de muchos, muchos años, y gracias a esto se puede producir su evolución. Si estos cambios climáticos (u otro cambio que se pudiese producir) se produjesen de una forma brusca, lo más probable es que se produjese una extinción en masa de gran parte de los organismos que viven en estos hábitats, produciéndose mayor extinción en organismos con un tiempo vital mayor (es más fácil la adaptación para las bacterias que tienen decenas de generaciones en una semana que para los macro organismos que requieren muchos años para tener varias generaciones).
Llegados a este punto, si tenemos en cuenta que estos conocimientos (que podrían ser erróneos) son de una persona que convive con una estudiante de biología (que en breve será licenciada), ahora podríamos analizar, así como por arriba, las diferentes argumentaciones que se utilizan en contra de la evolución.
Considero oportuno, a estas alturas, mencionar que dichas argumentaciones, en su mayoría, son defendidas desde diversas religiones, las cuales alegan que un ser superior creó las diversas especies y que estas permanecen desde el día de la creación. Tras la pérdida de fuelle de esta defensa creacionista a lo largo de los tiempos, desarrollaron una nueva teoría denominada “Diseño inteligente”, que pretenden disfrazar de teoría científica, y justifica, en cierta manera, las evidencias de la evolución, alegando que los diversos organismos fueron creados por un “diseñador”, que no dejaría de ser una deidad, aunque nunca hablen de ello.
Desde mi punto de vista, la invención del diseño inteligente es un paso atrás en la aceptación (breve y con la boca pequeña) que hicieron algunas iglesias de la evolución, aceptando esta pero guardándose la bala de que “Dios insufló el raciocinio en el hombre” en la recámara. ¿Por qué me parece que es un paso atrás? Porque la frase antes mencionada sobre el raciocinio puede ser considerada una eliminación de las tesis creacionistas (aceptan que el relato del génesis es un cuento para explicar lo desconocido), pero el diseño inteligente es una vuelta a dichas tesis (aunque con otro nombre y, alegando que el DI no tiene nada que ver con la religión).
Los profanos sabemos, porque así se nos ha sido explicado en el colegio, que hubo científicos que, en su momento, se resistían a aceptar la teoría de la selección natural, y no todos por motivos religiosos. Lo que se yo, es que hoy en día también hay movimientos científicos que presentan alternativas a la teoría de la evolución, pero, curiosamente, esto no llega al conocimiento de los profanos, por lo que, pese a yo saber de su existencia, no puedo opinar sobre estas teorías (ni mostrar si me parecen mejores o peores).
Sin embargo, de lo que, curiosamente, si tenemos mucha (quizás incluso demasiada) información, es de la teoría defendida por el diseño inteligente.
Sé que, hace unos años, a raíz de unas polémicas conferencias que ofrecieron defensores del diseño inteligente (las dieron, finalmente, en ámbitos no universitarios, aunque estuvieron a punto de darla en la Universidade de Vigo y en la Universidad de León (diría que ésta, finalmente, también se canceló, pero ahora no estoy seguro de todo)), se produjo un enfrentamiento entre un defensor del DI y un catedrático universitario en un plató de televisión (creo que en A3). Aquí, hábilmente, enfrentaron a todo un comercial acostumbrado a hablar en público con una “rata de laboratorio”, un hombre dedicado a sus estudios y nada preparado para la divulgación científica, causando la falsa impresión de que el diseño inteligente era irrefutable por parte de un catedrático universitario.
Pero, ¿Qué argumentos utilizan los defensores del DI?
-“La complejidad y diversidad de la vida no es explicable por el azar en el que se basa la selección natural”.
Anda que no, si tenemos en cuenta que esta diversidad se produjo a lo largo de cientos de millones de años, y, si en macro organismos hubiese una nueva generación cada diez años, en cientos de millones de años habría decenas de millones de generaciones, que, a mi entender, aumenta en gran número las posibilidades de que se produzcan mutaciones y especializaciones. Y eso sin tener en cuenta que, por ejemplo, la E.coli tiene una nueva generación aproximadamente cada 20 minutos… Casi parece más factible que haya un gran número de diversidad y complejidad en los diversos organismos a que te toque la lotería en el próximo sorteo.
-“la afinidad del universo: el universo está muy bien afinado para que haya vida, y cualquier cambio en este universo haría imposible la vida, eso no puede ser por azar”.
He de decir que, lo que voy a decir ahora, puede sonar magufo, pero voy a intentarlo de todos modos. Bien, aquí ya salen de la biología para meterse en otras áreas del conocimiento, pero vamos, según mi parecer, si el universo fuese diferente (en cuanto a las leyes físicas o las propiedades químicas, que es lo que alegan) no justifica que no pudiese haber vida, sino que ésta podría darse pero sería diferente. Incluso diría que hace no mucho encontraron una bacteria que no incluía fosforo en su organismo (nosotros dependemos del mismo, diría), y en su lugar se encontró arsénico, vaya, sin fósforo parece ser que si podría haber vida, así que mejor no cerrar puertas que no sabemos si tendremos que abrir…
-“La complejidad irreductible”.
Aquí alegan que hay especializaciones que no son asumibles por la selección natural porque la ausencia de alguna de las piezas desmontaría el puzle. Los dos casos que yo sé que utilizan son la complejidad del ojo (que finalmente se demostró posible mostrando organismos sensibles a la luz, explicando que la evolución de esto puede dar lugar al ojo), y los cilios, que también demostraron (aunque en mi ignorancia no sabría decir cómo) que era compatible totalmente con la selección natural.
Desde mi punto de vista, e incurriendo en probables errores, esto también podría desmontarse alegando que las partes irreductibles podrían no haberlo sido en su momento, pero la evolución permitiría aumentar la complejidad de estas partes puesto que ya no tienen un impedimento para especializarse. Ahora pueden evolucionar de forma simbiótica con otros organismos.
Bien, creo que por ahora ya es suficiente, parece fácil para un profano escéptico enfrentarse a estos cuentos, sobre todo si tenemos en cuenta que, si para ellos vale el inventarse argumentos, para un profano también, pero tenemos un problema.
El problema es que un profano escéptico no querrá inventarse argumentos contra las absurdeces que le suelte un personaje de estos, y ante esta situación, por muchos conocimientos que haya podido obtener, se quedara en pañales al enfrentarse a los elaborados argumentos ad hominem que esta gente es capaz de desarrollar (aprovechándose de la falta de conocimientos del interlocutor), y para esto sólo consigo ver una solución.
Hay que hacer “evolucionar” la divulgación científica de este país. Sé que los miembros de la comunidad científica tienen muchos problemas a los que enfrentarse, falta de financiación (y continuos recortes), ridiculización de sus investigaciones (desde la ignorancia) e inestabilidad laboral, entre muchos otros. Pero, a mi modo de ver, podría mejorarse mucho si se hiciesen, desde la comunidad científica, esfuerzos para mejorar la divulgación, tratando de llegar más a la gente con un vocabulario más adaptado a los escasos conocimientos de la población. Podría ser mediante cartas a los periódicos, o presionando para conseguir espacios de información en la prensa para informar, desde un lenguaje comprensible, los diversos trabajos que se están realizando y qué se espera poder obtener gracias a estos. Tal vez así se pueda hacer desistir, de una vez por todas, a los defensores del diseño inteligente de intentar colarse en el sistema educativo, y, porque no, podría ayudar a que los diversos timos en base a productos-milagro dejasen de tener tanto éxito.
Pero en fin, todo lo aquí expuesto es desde la ignorancia y el respeto, buscando el ser corregido y sacado de errores, y con afán de colaborar, aunque sea a muy pequeña escala, a la divulgación científica y a la extinción de las muchas magufadas que hay en el mercado.
Si llegaste hasta aquí, gracias, y… lo siento…




























Cabozo
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2011-05-04 a las 7.20 p.m.
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